Retratarse

Me asusto ante las cosas nuevas. El cambio me pone insegura y ansiosa, y me lleva tiempo asimilarlo. Creo que eso está ligado a mi propia autoestima. Mi ansiedad, mis miedos, mi depresión, quizás todo podría resumirse a eso.

Depresión, miedo, ansiedad. Estoy cansada de usar esas palabras. De verme acorralada por ellas y sus efectos. Estoy cansada de sufrir y de no apreciar lo bueno que me sucede en el presente. No quiero pensar más, sólo vivir un poco. Disfrutar el momento.

Durante estas semanas, en las que me sentí tan asustada y abrumada, me di cuenta de que autoidentificarme así, como una ansiosa depresiva, sólo hace que me encierre en esa imagen de misma y no en lo que puedo ser más allá de eso. Lo que en realidad soy.

Y es que he dicho más de una vez que ser así y pasar por estas cosas me cambió y me hizo quien soy. Pero, ¿fue la depresión o el proceso de salir de ella? ¿Es la ansiedad o esos momentos en que no la dejo dominarme? ¿Es el miedo o el hecho de superarlo?

Es éso lo que estuve viendo mal.

No hay que olvidarse, no hay que mentirse, no hay que escondérselo a otras personas. Están ahí y son o fueron importantes para llegar a donde estás, pero vos sos mucho más que eso. Autodefinirte con esas palabras es simplificarte de un modo casi insultante hacia tu propio ser.

Así, encontré todo lo que también soy y que había olvidado: mis sueños, mi motivación, las cosas que me traen felicidad día a día.

¿Voy a ser una chica llorando en un rincón, temiéndole a la vida, o en cambio soy la que va a usarla a su favor?

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Reflejarse

2 de Septiembre

Quiero hablar de aquella chica que habla en mi mente, transmitiendo desde algún lugar más profundo de mi ser. Se esconde entre recuerdos que viven al acecho y buscan salir de una habitación fría y oscura. A veces, sin querer y queriendo, abro esa puerta y me pierdo en sus ojos vacíos. Es como una foto, un retrato difuso, una pesadilla de esas que terminan en un despertar sudoroso y el corazón acelerado. El miedo de salir y el de permanecer en casa; el miedo a dormir y a despertar; el miedo a fallar y el miedo a intentar; el miedo a estar sola y el miedo a estar con alguien. Ella es el miedo. Ella es la tristeza. Ella es la ansiedad, es el insomnio, es la muerte que espera. Ella es mi pasado. Pero, ¿realmente es pasado? Aún vive.

¿Qué es el pasado? Es una mentira. Porque no pasa. Todo lo que pasa se queda en algún lugar, deja una mancha en nuestra existencia. No se va porque no podemos olvidar. Quizás es bueno que no podamos olvidar. Dicen que las peores cosas nos hacen crecer. Yo siento que crecí, que cambié, que me conocí a mí misma por primera vez. Esa chica es todo lo que odio de mí, pero es quien solía ser y es quien a veces me susurra todo lo que no quiero oír. Ese reflejo es el que me recuerda que si pude llegar tan bajo alguna vez, puedo volver a hacerlo. Y eso nunca más debe suceder.

Sobrevivir al trabajo

Amo mi trabajo.

Es la pura verdad. Hace 2 años y 2 meses que estoy la compañía y he pensado en irme en varias ocasiones por la remuneración, por el futuro de mi carrera o porque estaba aburrida y cansada de ciertas relaciones con compañeros que me estresaban. La idea a menudo venía a mí en épocas de estrés, entonces cuando me sentía mejor decidía que no iba a renunciar, porque cuando yo estaba bien mi trabajo daba resultado, yo me divertía y los contras del trabajo no eran gran cosa. El futuro prometía.

Hoy, la historia vuelve a repetirse. Quiero irme.

Hace semanas (¿ya quizás son meses?) que estoy con los nervios de punta, con ansiedad y mis inseguridades a flor de piel. Viví varios cambios, todos al mismo tiempo, y eso inevitablemente trajo consigo un gran nivel de estrés. Yo sé que soy así y que me suele pasar esto, pero no significa que sepa frenarlo. La realidad es que no lo sé, simplemente los días pasan mientras lo intento, hasta que en algún momento lo logro. Sin duda, mi trabajo es una de las causas y mi malestar en él es una de las consecuencias.

Desde que comenzó mi capacitación para ascender, todo fue decayendo. Tuve que lidiar con mi miedo a no ser lo suficientemente buena, pero lo que menos quería era que mis compañeros me alejaran. Ahora que terminé de capacitarme pero todavía no estoy ocupando mi nueva posición, quedé en un intermedio que provocó que eso se cumpliera: mis compañeros me ven de otra forma. Al mismo tiempo, quienes ahora son mis pares se divierten tratando de sacarme de mis casillas y tengo algo de tensión con mi gerente, con quien tuve una pelea al final de la capacitación porque no quería que rindiera el examen final.

Así, me encuentro yendo al trabajo sin ánimos. Con la esperanza de que el tiempo pase muy rápido, de que empiece octubre y, con él, mi nueva posición en una tienda nueva.

Hipocondría

Odio hablar de esto. Lo odio porque me recuerda cuál es la enfermedad de turno a la que le temo.

Durante el día, trabajo y estudio. Pienso en algunos problemas, en cosas que me hacen feliz, hablo con otras personas y resuelvo situaciones, como todo el mundo. Pero en el fondo de mi mente, un pequeño sector analiza y vigila el área de mi cuerpo que se encuentra en la lupa. Presta excesiva atención a cualquier molestia o dolor. Si no lo encuentra, lo crea. Al percibir alguna sensación, sea cual sea, el pánico recorre mi cuerpo, como una llamarada. Mi corazón se acelera, el aire me sofoca y las lágrimas llenan mis ojos.

No quiero morir.

No puedo morir. No puedo enfermarme así, no a esta edad. Por favor.

La angustia me atrapa completamente, me siento indefensa, condenada.

No elige el momento adecuado, sucede a cualquier hora y en cualquier lugar, y por unos minutos no existe nada ni nadie más, sólo las ganas de escapar y la agonía de sentir que no hay salida.

Desearía no ser así. Desearía disfrutar mi vida y no temer tanto. ¿Cómo hace el resto de la gente? ¿Cómo puedo hacer yo para dejar de sufrir, en especial por cosas que sólo pasan en mi cabeza?

Quizás alguien que no vive esto no lo entiende. “Si sabés que no es real, entonces ya está resuelto”. No. Yo sé que es paranoia, que está en mi mente y reconozco lo que me pasa. Pero, ¿y si no me estoy equivocando? ¿Y si esta vez es real? Es éso lo que carcome. Y en el momento, por más que yo sepa que es irracional y me repita eso a mí misma, siento el miedo de igual manera. No hay forma de detenerlo, no que yo sepa.

Cada vez que me pasa esto, siento que tengo que decírselo a alguien, pero nunca sé con quién hablarlo. Si hay algo que mi madre me enseñó con su ejemplo, es que la gente puede ser realmente mala cuando no entiende o no quiere ver algo. Si acudiera a ella, sé que me diría: “Dejate de estupideces”. Entonces, ¿a quién decirle? ¿Quién me escucharía?

Siempre tuve el defecto de pensar que pedir ayuda es molestar a las personas, pero hoy por hoy no me importaría hacerlo. Estoy sola en esto y tengo miedo. No hay forma más simple y directa de decirlo. Realmente necesito algo o a alguien porque no aguanto más estos momentos, no aguanto más el llanto ni el sentirme una idiota por temerle a la nada misma.

Título

km

Kristina Makeeva

26 de Agosto

-¿En serio soy tu novia?

-Sí

-¿Me lo vas a volver a decir mañana, estando totalmente sobrio?

Agarró mi celular y me mandó un audio, diciendo: “Sos mi novia y no me arrepiento de ese hecho”.

Eso es lo primero que recuerdo de la conversación. No sé qué habíamos dicho antes, ni cómo llegamos ahí. Supongo que él mismo usó la palabra y por eso le pregunté.

Estábamos con sus amigos, tomando cerveza, y ya habíamos terminado unos cuantos vasos. Ellos me llamaban su novia, pero yo no lo tomé en serio viniendo de sus bocas, no hasta que él me lo dijo. Nunca antes me había llamado así, al menos no en mi presencia. Yo tampoco lo había hecho.

Hace tiempo mencioné cómo él no usa estas palabras al pasar, al igual que para mí es importante que alguien las use conmigo. Habíamos dicho que no era necesario apurarse para tener la etiqueta, que estábamos bien sabiendo que estamos juntos y nada más. Por lo que me ha contado, la mayoría de las veces dijo esas palabras porque se sentía presionado por la otra persona para “oficializar” la relación. Creo que en ese sentido, él teme que todo cambie desde el punto en el que se refiere a alguien como su novia.

Y aun así, acá estamos. Casi 3 meses desde que empezamos a salir y usó ese término conmigo, sin que yo le hubiese pedido que lo hiciera. Sin que yo le diera un ultimátum o le dijera que necesitaba el título.

Al día siguiente escuché el audio en frente suyo y se quedó mirándome.

-¿Esto no fue plática de borrachos? ¿Es esto lo que somos? -le dije.

-Para mí sí, desde hace tiempo. ¿Para vos no?

-¡Para mí también, pero nunca me lo habías dicho!

Le pregunté si estaba asustado y me dijo que un poco, pero que igualmente es algo irracional. Yo quiero entenderlo, por lo cual intenté que me dijera a qué le teme, exactamente. Pero no lo sabe muy bien o no se anima a decirlo, así que al final terminé por rendirme. Decidimos que ningún hecho tiene que cambiar por usar una nueva palabra, si somos lo que somos desde antes de agregarla a nuestro diccionario.

Sin embargo, me di cuenta de que sí cambió algo. Hoy, al despertar, me encontré recordando esa noche y la conversación de la mañana que le siguió. Y sonreí. Y fui un poco más feliz de lo que ya era por estar con él.

¿Necesitaba el título para querer seguir a su lado? No. Sin embargo, me hizo feliz que quiera usarlo, sabiendo que ninguno de los dos lo haríamos a la ligera. Para mí es una muestra nueva de que me quiere, lisa y llanamente. Y yo lo quiero. Mucho.

Incertezas

Miedo. Nervios. Una máquina que nunca deja de funcionar.

La agonía de no saber. El misterio de lo que vendrá. Lo inevitable de preguntarse qué dirán. El riesgo de ver mi corazón roto una vez más.

Ninguna canción logra darme calma, sólo la promesa de un nuevo despertar. Una nueva oportunidad.

Pero el silencio se hace imposible de sobrellevar, me aturden sus matices. No me avergüenzo de lo que soy, pero ahora mismo quisiera no tener estas cicatrices. No es como en la piel, nunca desaparecen. Parece que se van, pero en algún momento vuelven.

Estoy cansada de pensar que todo se va a arruinar. Seguramente así va a ser, todo debe terminar, pero ¿por qué adelantarse a ese final? Siempre tuve el defecto de no saber disfrutar.

Quiero ser feliz, como lo era hasta ayer, cuando no me atacaban mis incertezas. Voy a cerrar mis ojos por hoy y dejar que mi mente me lleve a sus lugares oscuros, adonde van las promesas que me hice y no pude cumplir.

Desde una vieja inseguridad

Soy una persona reservada. No muestro mucho de mí misma, estoy siempre cómoda sentándome a escuchar a la otra persona. Claro que me gusta contar ciertas cosas, pero eso sucede cuando realmente necesito exteriorizar algo que ronda en mi cabeza.

Supongo que es por eso que me encanta escribir. Me permite poner todo en alguna parte, sincerarme completamente y sin miedo a lo que alguien más pueda pensar. Así, compartir lo que escribo con alguien es dejarme conocer.

He estado considerando últimamente dejar que él me lea. Que sepa todo lo que siento, todo lo que me aqueja y lo que me hace feliz en el fondo de mi corazón… pero eso me da algo de miedo. Realmente sería abrirme completamente, sería dejarlo saber tanto como él quisiese. Quizás se asustaría, o se decepcionaría, o no le gustaría lo que llegase a encontrar. Si eso sucede, si no le gusta lo que soy en mis escritos, entonces no le gusta mi verdadero yo, sino una extraña caracterización de mí.

Creo que a eso le tengo miedo, en realidad: a no ser como él cree que soy. ¿Cómo cree él que soy? No lo sé. Temo que tenga una visión errónea de mí. Si ése es el caso, ¿qué va a pasar? No quiero que todo termine. Estos meses han sido tan bellos…

Bring Me To Life

Evanescence vuelve a lanzar un disco este año, llamado Synthesis. La mayoría de las canciones serán de las ya conocidas pero reversionadas con orquesta, y otras 2 serán completamente nuevas. Mientras esperamos al 10 de noviembre, la banda nos regala la nueva versión del clásico Bring Me To Life. Me parece preciosa, aunque esperaba un poco más. ¡De todos modos, espero a Synthesis impacientemente!

Dichosa incertidumbre

Kristina Makeeva

Como no sabemos qué puede pasar, cuando dejaré de verte, cuándo saldrás de mi vida o yo de la tuya, no quiero dejar pasar un sólo día sin haberte dicho cuánto te quiero. Sin haber tenido la oportunidad de ver tus ojos, de intercambiar una palabra, un abrazo, un beso en los labios, o siquiera un pensamiento. No quiero perder la oportunidad de reír con vos, dormir con vos, hacer el amor. Volver a empezar.
No quiero perder la chance de conocer algo nuevo que cruce tu mente. Quiero hablarte, dejar que veas mi interior desnudo, y que me dejes entrar en tus rincones más oscuros. Quiero compartir tus risas y secar tus lágrimas. Quiero que el mundo sea testigo y envidie nuestro amor, ese título que apropiamos pero no usamos, como un secreto a voces.

Quiero extrañarte, extrañarte y llorarte, luego verte y esfumar mis miedos, mis penas y mi soledad en un segundo. Quiero que me celes, que me pelees, que nos reconciliemos al día siguiente entre sábanas, té y envoltorios de chocolate.

Quiero que me esperes en la puerta de esa tienda donde nos vimos por primera vez y me lleves a la que visitamos en nuestra primera cita. Quiero que recordemos esos años en los que no nos animábamos a hablar de algo más que de café mientras nos sudaban las manos y se sacudía el corazón. Quiero que agradezcamos por el presente que tenemos la dicha de transitar e imaginemos el futuro que podríamos disfrutar. Quiero saber que soy diferente a todo lo que alguna vez conociste, o que quizás no lo soy, pero sí valgo el riesgo de volver a romper tu corazón. Quiero ver otra vez esos ojos que me miran como nadie más lo ha hecho, confesándome las palabras que reservás y temés pronunciar.

Cada pequeño paso hacia lo que desconocemos es para mí un remolino de sentimientos. Amor. Curiosidad. Fascinación. Miedo. Pero no es miedo a quererte. No es miedo a la decepción. Es miedo a que llegue ese día en que pierda el privilegio de escuchar tus problemas o de verte reír.

Tu amor tan simple y dedicado, tu forma de vivir en el aire pero con los pies en la tierra, tan divertida y tan calma a la vez, me generan admiración y ganas de querer ser mejor. Estar con vos me hace ver que mis problemas y preocupaciones son insignificantes y que a menudo me olvido de vivir para mí misma en vez de para los demás. Compartir mi tiempo con vos es vivir auténticamente.

Hoy me siento sana, siento que puedo amar y recibir un amor igual de bueno. Hace solamente dos meses y medio que estamos juntos, pero en este tiempo he vivido toda clase de cosas nuevas y he sentido cosas nuevas. Me di cuenta de que mi pasado no fue tan bueno como creí y que todo este tiempo había algo mucho mejor esperándome.

Pero lo que encuentro completamente increíble y hermoso es que todo lo que siento y todas las ideas que cambiaron en mi interior son enteramente de mi propia creación. Vos no quisiste cambiarme, nunca intentaste poner ideas en mi cabeza. Ambos estamos bien, nos encontramos en el gran momento de nuestras vidas y lo compartimos el uno con el otro, no porque nos necesitemos para seguir adelante, sino porque decidimos que así estamos mejor.

Estoy lista para empezar un nuevo día y que crucemos nuestras miradas una vez más. Y que dejemos que nos encuentre aquello que nos espera.